Jorge y el Dragón

Tintas, pluma y pinceles en papel de acuarela (31×46 cm y 240 g/m2)
Versión de gran tamaño.
He cambiado de tintas, me he pasado a Winsor & Newton. El resultado es muy satisfactorio, especialmente con el negro, mucho más estable en el trazo y más uniforme en la pincelada, sin desdibujarse ni hacer aguas imprevistas. La calidad es lo que tiene.
La idea de este dibujo surgió a merced de la felicitación de mi onomástica que me hizo el alter ego de Balcius, en la que incluía varias menciones al dragón.
Esta es mi visión particular del mito. Para empezar, a Jorge le retiro el “San”, pues los títulos y honores vinieron después de cobrarse la piel de la bestia. Tampoco lo considero un caballero, pues antes de existir un San Jorge, ningún noble daría jamás ese nombre a un hijo suyo, pues Jorge significa literalmente “labrador” o “campesino” en su raíz original griega. Lo presento a pie, pues de tener caballo sería uno de monta y no de guerra, ya que eran patrimonio exclusivo de la nobleza por lo elevado del coste de su adquisición, manutención y entrenamiento. Además, un caballo no es de mucha utilidad cuando se pelea con un dragón, ya que los efluvios del reptil le causan un terror insoportable a las monturas (y a los jinetes también, si carecen del cuajo suficiente). Es un hombre de armas, al que supongo pericia y un buen nivel de éxito en la profesión, lo que le daría caché suficiente como para permitirse una cota de malla y algunas piezas de acero. La leyenda habla de un caballero errante, pero yo considero que se trataba de un buscavidas, una espada de alquiler de las que tanto abundaban en los siglos oscuros de la alta Edad Media.
Es un militar profesional, así que lleva los pertrechos propios de la época. Las cosas han cambiado y Roma ya no impera sobre Europa, así que el gladius se ha alargado en espada ancha y el scutum de la legión se ha hecho más pequeño. La coraza completa es un lujo que sólo los poderosos se pueden permitir, por lo que el soldado de a pie solamente puede aspirar, como mucho, a la cota de malla. La cruz en el escudo y la empuñadura de la espada son una pequeña licencia que me permito para recalcar su filiación religiosa. Al fin y al cabo, cuando no se tiene a la poderosa maquinaria del ejército imperial respaldándote, tampoco resulta extraño que encomendarse a Dios ante la batalla.
Seamos serios: si su hija/esposa estuviese en poder de un dragón, ¿a quién encargaría su rescate: a este guaperas o aun profesional? Pues eso.
Del Dragón he escogido la mirada. Profunda, hipnótica, aterradora. Es la concreción total de todo su poder físico, una mirada basta para transmitir la fuerza de todo lo que la sostiene. No es necesario dibujar el resto de la bestia para que podamos sentir su ominosa presencia. El color verde es un homenaje a la lluvia y a los bosques profundos que un día poblaron Europa, cubriéndola con un manto de Naturaleza salvaje, misteriosa y terrible. Al fin y al cabo, los dragones están hechos con la quintaesencia de la Tierra.

